Reflexiones de una visita – Conectar con los demás

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Pasa con frecuencia, nos cruzamos con personas cada día, en un momento u otro, nuestros caminos se entrelazan y sólo depende de nosotros que este cruce tome cierta distancia o surja, inesperada, cierta relación.

Al final del día, si hiciéramos una lista de “Cuántas personas he visto hoy que conozco” y la traspusiéramos con “Con cuántas de ellas me he relacionado” la nueva lista sería, posiblemente, escueta. Y es que bien sea por falta de tiempo, cansancio o simplemente por falta de ganas, en ocasiones pasamos por calles desiertas, evitamos la simpática cajera que nos da conversación o decidimos quedarnos en casa y ver qué dice nuestro circulo de “amigos” en redes.

En un momento en el que la conectividad va a través de datos etéreos, el contacto personal parece ser embarazoso, en ocasiones esquivable. ¿Por qué será que eludimos nuestra necesidad de pertenecer en una sociedad dejándola a manos de importar las relaciones al mundo digital? ¿Qué de malo tiene reunirte con tus amigos para charlar (de tú a tú) mirándote a los ojos, dejando que todo nuestro cuerpo intervenga en dicha conversación? ¿Pueden convergir ambos medios a fin de enriquecer nuestra pertenecía social? Hay detalles que sólo podemos captar cuando estamos en un relación física y que, sin ese aspecto, nos perdemos. De eso no hay duda.

Esta mañana nos hemos levantado reflexionando sobre ello.

Hoy es un día especial porqué ayer lo fue más. Ayer tuvimos una visita. Nos visito la sencillez y la nobleza, la templanza y la naturalidad de un amigo de la infancia de un integrante del equipo. Poco tiempo tuvimos para conocerlo en profundidad, pero los minutos estuvieron bien aprovechados. El tiempo se acortaba y el viaje esperaba incesante a que su viajero lo retomara. Aún así, esa reunión fue vivificante, mágica e intensa. Una clase magistral de cómo una persona puede hacer de su trayectoria un ejemplo de alternativas no marcadas que dan sentido a su vida y reflejan la ansiada paz que todos buscamos. Un espacio en el que se entremezclo la atente escucha, las experiencias vividas y la energía conectada de un grupo dispar que se acababa de conocer.

Hay personas con las que conectas y parece que ese hilo que une no entienda de fronteras temporales-espaciales. Hay personas que se cruzan en nuestros caminos y que deseas tener cerca. Hay personas que sin pretenderlo, enseñan por sus actos, no por sus palabras, y dejan huella en aquellos que están abiertos a dichas enseñanzas.

¿Qué hemos aprendido?

  1. Simplicidad: la simplicidad de estar, sin más. Nos empeñamos en hacer, ofrecer, mostrar y nos olvidamos de lo realmente importante… estar.
  2. Respeto: respetar al que habla, respetar las ideas, respetar las decisiones. Respetar sin juzgar, sin imponer.
  3. Nobleza: lo honestidad de nuestros actos hablan por sí solos.
  4. Agradecimiento: no sólo con palabras, con un abrazo interminable, con una mirada de complicidad, con el gesto de aceptar un regalo… agradecer en su pleno significado.
  5. Sencillez: la grandeza de la sencillez radica en su propio significado: “calidad de sencillo…Natural, espontánea, que obra con llaneza.”

Por todo ello, ¡Gracias! Gracias por el reencuentro, gracias por la tertulia y gracias por seguir y crear nuevos hilos relacionales de valor.

Ayer fue uno de esos días en los que nuestro corazón le envió una orden al cerebro: “Guarda a buen recaudo cada instante, cada palabra, cada sensación… Acuérdate porque en algún momento te pediré que me la devuelvas”. Y así lo hizo. Archivado.